Nuestras conexiones sociales y lazos afectivos son muy importantes para ayudarnos a sentirnos más felices. El espíritu gregario se ha observado científicamente en muchas especies animales como mecanismo de ayuda mutua y de supervivencia. Los humanos, como es obvio, no estamos ajenos a esto: una y otra vez necesitamos la compañía de otros para ayudarnos a superar problemas, sentirnos más seguros y manejar el stress.

¿Cómo es que nos ayudan los amigos a manejar el estrés a nivel psicológico? Una nueva investigación observó de cerca el rol de las relaciones de amistad entre los chimpancés, para llegar a la conclusión de que los amigos no sólo crean un “amortiguador social” al ayudarnos durante tiempos de crisis, sino que también reducen los niveles generales de estrés simplemente con estar presentes en la vida de otro. En términos biológicos, esto se manifiesta regulando cómo el organismo maneja las hormonas indicadoras de estrés.

El estrés se ha estudiado en extenso en una gran variedad de primates no humanos –incluyendo chimpancés, macacos y papiones– y es sabido que puede ser devastador. Por ejemplo, los niveles altos de estrés en los papiones pueden causar úlceras gastrointestinales e incluso muerte prematura. Los lazos sociales fuertes parecen actuar como un colchón que amortigua las peores consecuencias de este estado físico y psíquico. Hay un amplio abanico de consecuencias para la salud que están relacionadas con niveles altos o bajos de estrés. Por ejemplo, cuando las madres papiones están menos estresadas, disminuyen las tasas de mortandad entre los infantes de la especie.
Cuando se trata de lo que pasa en el cuerpo, se sabe que un buen ambiente social se correlaciona con una disminución de las hormonas indicadoras de stress, como los glucocorticoides. Eso sí, aún no se sabe exactamente cómo ocurre esto.
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Un nuevo artículo científico publicado en Nature Communications observa los dos posibles mecanismos detrás de los vínculos sociales que actúan como amortiguador del stress en los chimpancés. Los investigadores estudiaron dos teorías contrastantes: una es que los “compañeros vinculantes” (amigos) sólo ayudan a que los tiempos particularmente estresantes sean más llevaderos, y la otra es que los efectos del compañerismo se sienten durante el día.
Observaron a chimpancés en lo salvaje en Uganda durante dos años y notaron una serie de interacciones sociales agresivas o bien vinculantes. Esta observación incluyó tiempos en que los animales estaban descansando, cuando estaban acicalándose unos a otros o cuando notaban la presencia de miembros de otros grupos de la especie. También midieron sus niveles de stress a través de los glucocorticoides presentes en muestras de orina.
Para crear una situación potencialmente estresante, un asistente de campo esperó hasta que pequeños grupos de chimpancés estuvieran cerca del borde del territorio y percutió en las grandes raíces sobresalientes de los árboles, replicando los golpes que hacen los chimpancés para comunicarse entre grupos sociales. El objetivo era ver cómo percibían los individuos estos intercambios de percusión, dependiendo de su soporte social.
Los niveles de hormonas en la orina mostraron que los individuos tendían a estar más estresados cuando se encontraban (o creían que se habían encontrado) con chimpancés de otros grupos, lo que no resulta ser sorprendente. Pero el estudio también mostró que las relaciones sociales parecieron limitar los niveles de estrés en todo momento, no sólo en las situaciones más críticas. Esto sugiere que para los chimpancés es importante tener “compañeros vinculantes” con quienes interactuar regularmente en comportamientos amigables y cooperativos, y hacia quienes no suelen mostrar conductas agresivas.
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De acuerdo al estudio, dentro y fuera de situaciones críticas, la presencia de compañeros vinculantes efectivamente regula el sistema que se encarga de las hormonas del estrés, reduciéndolo en momentos particulares y también en general.
Una hipótesis adicional se desprendió del estudio, y es que los autores creen que la oxitocina (llamada con frecuencia “la hormona del amor”) puede ser responsable de esta regulación. Más generalmente, este equilibrio hormonal también puede ayudar a mejorar el sistema inmunológico, las funciones cardíacas, la fertilidad, el humor e incluso la cognición.
Para la gran mayoría de las personas es obvio que los lazos de amistad favorecen una vida más amable y una percepción de un mundo menos amenazante, pero tener evidencias de que hay una correspondencia biológica a esta percepción, y que los efectos de los lazos fraternales son medibles, puede ser un aporte para futuros estudios sobre la evolución humana y nuevas maneras de abordar las interacciones sociales. A partir de esta base podrían surgir desde nuevos enfoques terapéuticos para la salud mental y física, hasta otras formas de diseñar currículos educativos.